Reconozco que me había equivocado, realmente había hecho el idiota.
Y allí estaba yo, tirada en mitad de aquella carretera con un coche que se caia a trozos y mi dignidad y voluntad siguiendole los pasos.
Suelo ser una de esas personas que viven las cosas a flor de piel, esto tiene dos consecuencias, una buena y una mala.
La buena es la valoración de los detalles, esos que a ojos de los demás pasan por alto.
La mala es la manera que tengo para afrontar las situaciones.
Así que en medio de aquel caos automovilístico yo me debatía entre llorar o hacer como si nada y abandonar aquel trasto allí mismo.
Pero actue diferente, me quedé allí y llamé a mis padres y al colgar pensé en la dificultad de aceptar nuestros propios errores, ya no podía decir "mamá me compró esta mierda de coche, por lo tanto es su culpa", si no que había sido yo.
Yo y mis errores.
Yo y mi poca experiencia.
Yo y mi mierda de coche.
Y sorprendentemente no lloré, no lo hice al apagar el coche, ni lo hice cuando se acercó un hombre del taller H a explicarme que le pasaba a mi super carro alado, ni tampoco lo hice mientras esperaba a mi padre y a un amigo que viniera a hacerme compañia.
¿Estaba yo allí? Creo que si.
¿Que ocurría entonces?
Fue entonces cuando me di cuenta del cambio, esto era un recibimiento a la nueva vida.
La vida de: elige solo, prueba solo, recibe solo.
Madurez.
Ni si quiera estaba enfadada, no podía, de hecho no podía pronunciar nada, creo que desconecté y si en aquel momento dos personas hubieran empezado una pelea física delante mio apenas me habría dado cuenta, incluso aunque los estubiese mirando no habría alcanzado ver que pasaba.
No quería correr a casa, tampoco no queria "no estar" y a la vez estaba en todas partes, esperaba que alguien viniera y dijera:
- Hey Tamara, ya esta. Has sacado un aprobado en esto. - Reir juntos y prepararme mejor para la proxima, pero eso no iba a ser así, esto no se trata de un cursillo vital, esto es la vida y era triste pensar que todo venia provocado por mi coche.
Pero cuidado, he dicho provocado, eso no significa que sea la razón de ese "colapso" mental.
¡Hay que ver como somos las personas! En momentos así somos egoistas y nos acordamos de aquel ex que en este momento habría estado aquí, dandonos cariño, amor y más tarde (¿por que no?) un ratito de sexo para el consuelo por el mal rato.
Bien, no había novio, ni mimos, ni amor, ni mucho menos habría sexo consolatorio, al menos no con mi ex.
No sé la cara que debía tener para que el mecánico de H volviera a aparecer ofrenciendome pasar a su sala de espera donde "tranquila, hay galletas, café, agua, revistas...", solo pude decir no y gracias, despues se dio la vuelta con su amplia sonrisa y yo me quedé pensando que necesitaba saber donde se escondian esos hombres tan amables para cazar a uno y llevarmelo a casa.
Porque las mujeres tenemos eso que nos impulsa a tirar del carro, pero que si tiran con nosotras se dan 2 situaciones:
1.- O bien siempre tiran hacia donde queremos y nos damos cuenta de que esa relación no nos lleva a ningun lado pues estamos saliendo con nosotras mismas y eso podemos hacerlo sin la necesidad de ser dos.
2.- O bien esa otra mitad nos sigue y corrige cuando debe, tomando sus decisiones para hacernos seguirle también de vez en cuando y haciendonos ver su EXISTENTE personalidad y si esto ocurre, señores y señoras, habremos encontrado a la persona adecuada.
Lo malo del punto 2 es cuando esa otra persona no para de empujar el carro en contradirección, porque es cuando desencadenamos la situacion que podriamos llamar: tontos/as que circulan en una espiral de dolor y cabezoneria regada minuciosamente por amor/odio.
Y en eso, disculpad, las mujeres somos jodidamente expertas.