- Te he odiado desde el primer momento.
- Eso no es cierto.
- No, no lo es. Por eso mismo te odio, porque no soy capaz de hacerlo, debería, debería...
- No podremos escapar de lo que sentimos.
- ¿Y que sentimos, eh? Dímelo, dime que estamos sintiendo.
- Amor.
- No, esto no puede ser Amor, no puede ser así. Desgarra el alma, hace casi sienta que voy a desfallecer, como si me faltase el aire, tiemblo con cada nota de tu voz y mi cabeza es incapaz de concentrarse si no te encuentra en mis pensamientos. No quiero que esto sea Amor.
- Pero lo es.
No había olvidado esa conversación, como tampoco había olvidado que dos días después él se había marchado. Cobardía me dijo. Dije mil cosas horribles sobre él y le insulte de todas las maneras posibles y ahora, 2 años después yo seguía acordándome de todo esto como si hubiera pasado ayer mismo.
Te odio Amor.
6 de juliol del 2010
5 de juliol del 2010
Tiempo de decidir.

Me sentía tan nerviosa. Sabía que de un momento a otro llegarías a la plaza.
Yo estaba en un banco sentada y tan solo podía mirar hacía todos los lados.
"Llevaré un gorro rojo" le había dicho, pero lo tenía dentro del bolso y aún no tenía por seguro llegar a ponérmelo.
La sensación era extraña, el saber que la persona con la que deberías compartir la vida va a llegar en pocos minutos. Pero he dicho deberías, querer ya es otra cosa ¿no?
Por supuesto que iba a ser feliz, iba a tener todo lo que una mujer quiere en su vida, sonrisas, hijos, amor y un buen estilo de vida. Pero nada era suficiente.
No cuando tu corazón esta enfadado contigo por no querer lo mismo que los demás.
Le vi llegar, mi mano estaba dentro del bolso agarrando el maldito gorro rojo con fuerza. ¿Que hago? ¿Que debería hacer? ¿Que quieres hacer?
Él miraba para todos lados buscándome y yo lo sabía.
De golpe un coche pasa por la calle de al lado con la música tan fuerte que todos los que estemos en la plaza y los de dos calles más allá hemos podido oírla. Y una canción, especial, simbólica.
No todos podemos escapar del destino, ¿verdad?
Me levanté y salí corriendo de allí.
26 de juny del 2010
No roots.
La luz se había ido hacía un par de horas, pero mis ojos aún conseguían ver algo.
Sus manos enfrentadas a la luz tenue bailaban en mi pelo y jugaban con mi sonrisa que no era muy diferente de la suya.
Debería haber estado enfadada por todas las lagrimas que había derrochado por él, pero yo tan solo era capaz de estar allí y amarle. Porque amar es diferente de querer, yo siempre lo he pensado así. Y yo a él le amaba.
"Wait... they don't love you like I love you" sonaba de fondo en nuestra oscura habitación, le apreté fuertemente la mano contra mi pecho, al lado de mi corazón y él pareció entenderlo ya que empezó a abrazarme más fuerte.
- No necesito nada más. - susurré y en el mismo momento me arrepentía de esas palabras.
- Tengo ganas de tí. - contestó.
Hicimos el amor de nuevo.
Sus manos enfrentadas a la luz tenue bailaban en mi pelo y jugaban con mi sonrisa que no era muy diferente de la suya.
Debería haber estado enfadada por todas las lagrimas que había derrochado por él, pero yo tan solo era capaz de estar allí y amarle. Porque amar es diferente de querer, yo siempre lo he pensado así. Y yo a él le amaba.
"Wait... they don't love you like I love you" sonaba de fondo en nuestra oscura habitación, le apreté fuertemente la mano contra mi pecho, al lado de mi corazón y él pareció entenderlo ya que empezó a abrazarme más fuerte.
- No necesito nada más. - susurré y en el mismo momento me arrepentía de esas palabras.
- Tengo ganas de tí. - contestó.
Hicimos el amor de nuevo.
20 de juny del 2010
Música, amor y caminos escritos.
Suena un piano detrás de mi, una melodía que yo invente hace un par de días, la niña pequeña de melena rubia esta tocándola, he empezado a dar clases, me siento bien conmigo misma. Creo.
Voy a la cocina y cojo un bote de café en polvo, lo vuelvo a dejar. Ya no sé ni lo que quiero tomar, o quizás si, quizás solo quiero tomar el mundo. La vida, los momentos.
Él estaba acostado en mi cama en el piso de arriba, habíamos pasado la noche haciendo el amor, sonreí al pensar en esto. Hacía camino de dos años que nadie del sexo masculino había estado en mi cama, ¿dos años sin sexo? no, claro que no, habían habido excepciones por supuesto, pero jamás en casa, ya tenía suficiente sintiéndome puta al llegar al umbral de la puerta, si la sensación hubiera entrado en casa me habría tenido que ir corriendo hacía otro lugar y no lo tengo.
La niña seguía tocando el piano divertida, yo la miraba y mis ojos casi deberían estar soltando estrellitas, tocaba genial.
Mi mente se va por momentos al piso de arriba, recuerda caricias y besos. Todo tan nuevo para mí. Le digo a la pequeña que ya hemos acabado por hoy, ella coge el teléfono para llamar a su madre y me da el dinero por las dos horas de clase, le doy el cuadernillo y le apunto las que quiero que se aprenda. Al poco se la llevan. Entonces me quito los zapatos y subo las escaleras descalza y como si estuviera haciendo una misión de espionaje abro la puerta de mi dormitorio y le veo allí tendido entre mis sabanas. Me vienen ganas de volver a hacerle el amor.
Espera.
¿He dicho hacer el amor? Esas palabras han salido casi solas de mi mente, vaya, amor. Me acerco y me estiro a su lado, se despierta y me sonríe, tiene una sonrisa preciosa.
- Esperaba que volverías.
- ¿Estabas despierto?
- Desde que te levantaste. - otra sonrisa.
Le miro y siento un escalofrío, podría detener el tiempo aquí mismo. Y a la vez pienso que ojala el me pidiera que lo hiciera. Dos personas y un solo pensamiento.
- Besame. - me ha dicho sin más.
Sus labios casi son un sueño, sus besos casi son imposibles de olvidar.
Dos horas más tarde, aún tendidos en la cama de golpe me miró y dijo:
- Ojala pudieras parar el tiempo ahora mismo.
Rompí a llorar.
Voy a la cocina y cojo un bote de café en polvo, lo vuelvo a dejar. Ya no sé ni lo que quiero tomar, o quizás si, quizás solo quiero tomar el mundo. La vida, los momentos.
Él estaba acostado en mi cama en el piso de arriba, habíamos pasado la noche haciendo el amor, sonreí al pensar en esto. Hacía camino de dos años que nadie del sexo masculino había estado en mi cama, ¿dos años sin sexo? no, claro que no, habían habido excepciones por supuesto, pero jamás en casa, ya tenía suficiente sintiéndome puta al llegar al umbral de la puerta, si la sensación hubiera entrado en casa me habría tenido que ir corriendo hacía otro lugar y no lo tengo.
La niña seguía tocando el piano divertida, yo la miraba y mis ojos casi deberían estar soltando estrellitas, tocaba genial.
Mi mente se va por momentos al piso de arriba, recuerda caricias y besos. Todo tan nuevo para mí. Le digo a la pequeña que ya hemos acabado por hoy, ella coge el teléfono para llamar a su madre y me da el dinero por las dos horas de clase, le doy el cuadernillo y le apunto las que quiero que se aprenda. Al poco se la llevan. Entonces me quito los zapatos y subo las escaleras descalza y como si estuviera haciendo una misión de espionaje abro la puerta de mi dormitorio y le veo allí tendido entre mis sabanas. Me vienen ganas de volver a hacerle el amor.
Espera.
¿He dicho hacer el amor? Esas palabras han salido casi solas de mi mente, vaya, amor. Me acerco y me estiro a su lado, se despierta y me sonríe, tiene una sonrisa preciosa.
- Esperaba que volverías.
- ¿Estabas despierto?
- Desde que te levantaste. - otra sonrisa.
Le miro y siento un escalofrío, podría detener el tiempo aquí mismo. Y a la vez pienso que ojala el me pidiera que lo hiciera. Dos personas y un solo pensamiento.
- Besame. - me ha dicho sin más.
Sus labios casi son un sueño, sus besos casi son imposibles de olvidar.
Dos horas más tarde, aún tendidos en la cama de golpe me miró y dijo:
- Ojala pudieras parar el tiempo ahora mismo.
Rompí a llorar.
1 de juny del 2010
Cuando nos damos cuenta de lo que ya sabíamos.

De las manos que nos rodean, los corazones que laten por nosotros, las verdades que escuchamos n el día a día, las mentiras de los vecinos, las risas de los niños del parque y las lágrimas de la persona a la que le rompieron el corazón.
Todo esto, forma la vida.
Y si ya lo sabíamos. Pero aun así, dejamos que muchos de estos momentos se nos escapen, ¿por que? miedo, miedo a vivirlo.
Pero entonces me alce y dije: prefiero haberlo vivido, prefiero vivir así.
____________________________________________________________
No nos habíamos visto desde hacia un par de años, yo estaba temblando en el anden de la estación. ¿Como iba a saludar? eso era un misterio. Quizás un beso en los labios, quizás un simple abrazo o incluso un estrechamiento de manos sería suficiente.
Bah, ¿pero que estaba diciendo? Yo sabía suficientemente bien que a una persona a la que se le ha dado medio corazón (puede que más) no se le puede saludar con un estrechón de manos.
Miraba el reloj constantemente, como si eso hiciera que el tiempo pasara más rápido.
Como una estúpida empecé a inventarme conversaciones que podría tener:
- Cuanto tiempo, ¿como estas?... no, no, no.
No se le puede decir "como estas" a alguien que se fue porque quiso sin decir si quiera un adiós.
- ¿Como te ha ido todo este tiempo? ¿que has hecho con tu vida?... no, no...
No se le puede hacer un interrogatorio a alguien que jamás te dijo que pasaba por su cabeza.
Tardé demasiado, cuando quise darme cuenta él ya estaba caminando hacia mi. Creo que empecé a sudar, puede que también temblase, pero cuando llego justo delante de mi hice algo que jamás habría pensado que haría.
Le dí una bofetada.
- "Te dejo aquí mi corazón" me dijiste cuando te llamé por teléfono tras haberte buscado por toda la ciudad, te dejo aquí mi corazón. No lo quería, no lo quiero ahora, no me sirve de nada si tu no estás con el. No me sirve de nada si al levantarme no puedo abrazarte y sentirme viva. No me sirve de nada si cuando me duermo tus ojos no son lo ultimo que veo.
Nos quedamos mirándonos fijamente, la marca de mi mano en su cara cada vez se hacía más notable, me dí cuenta de ello y los ojos se me empezaron a llenar de lágrimas, me abrazó.
7 d’abril del 2010
Ring...ring...
Ha saltado el buzón de nuevo, pero esta vez ya lo sabia y mientras cogía mi maleta y salia del taxi que me había dejado justo delante de la estación comencé a hablar:
- Me voy, te lo dije mil veces y esta es la verdad, se que ahora te has quedado petrificado con el teléfono en la mano y que posiblemente estés pensando si venir a buscarme o si volveré por mi cuenta más tarde. No voy a volver y lo más seguro es que tus intenciones de venir a buscarme queden en nada, como la mayoría de cosas entre tu y yo.
Me tome un minuto para entrar en la estación y ir caminando en dirección a la taquilla:
- Siempre me ha dado la sensación que escuchabas todo lo que te decía pero no querías entenderlo, las palabras te asustan, la realidad también, así que estuve al margen durante un tiempo, acercándome a ti tanto como podía para susurrarte todo esto, pero no lo he conseguido. Ahora te habrás sentado, atento a todo lo que te estoy diciendo, o puede que simplemente hayas colgado. Me hubiera gustado que estuvieras en el coche acelerando lo más posible por llegar a tiempo. Llegar a tiempo es algo que jamás hemos hecho tu y yo. Ni llegamos a tiempo en nuestras vidas, ni hablamos a tiempo, ni te dije que me he enamorado de ti a tiempo. Y la única palabra que quedara aquí cuando me haya subido a ese tren será: tarde.
Tuve que respirar profundamente, notaba que me quedaba sin aire y que ya no conseguía ver nada a causa de las lágrimas:
- Tengo que decirte que jamás he llorado por ti, mi orgullo me lo impedía y eso esta bien. Pero también me habría gustado llorar y que me consolaras, que vieras de verdad lo que hay dentro de mi, eso que nadie conoce y que yo muero por demostrar. Sé que soy complicada, que me enredo con las palabras y que muchas veces estanco la conversación con una metedura de pata mía. Lo más normal es que cuando eso ocurre prefiero no hablar más y me marcho de donde este. Es más fácil así. Y hoy tampoco es muy diferente, aquí me tienes al teléfono, lejos de ti y con el dedo encima del botón rojo para colgar cuando haga falta. Nunca pensé en nosotros como una pareja, ni como si fuéramos amigos. Era un nosotros.
Aparte el teléfono unos segundos y apreté fuertemente los puños:
- Ahora has cogido la chaqueta y las llaves y caminas hacia la puerta. ¿Por que todo sale como uno NO quiere? ¿Por que no lo hablamos antes? Tu te quedas sin haber sabido que te ame y yo me quedo con la duda de saber si tu me habrías correspondido. Irónico. Se nos ha vuelto en contra, ¿verdad? la ironía. Se nos ha tirado encima por cobardes.
Levanté la cabeza y vi como llegaba mi tren:
- Tengo que irme.
...
...
- Adiós.
Colgué.
- Me voy, te lo dije mil veces y esta es la verdad, se que ahora te has quedado petrificado con el teléfono en la mano y que posiblemente estés pensando si venir a buscarme o si volveré por mi cuenta más tarde. No voy a volver y lo más seguro es que tus intenciones de venir a buscarme queden en nada, como la mayoría de cosas entre tu y yo.
Me tome un minuto para entrar en la estación y ir caminando en dirección a la taquilla:
- Siempre me ha dado la sensación que escuchabas todo lo que te decía pero no querías entenderlo, las palabras te asustan, la realidad también, así que estuve al margen durante un tiempo, acercándome a ti tanto como podía para susurrarte todo esto, pero no lo he conseguido. Ahora te habrás sentado, atento a todo lo que te estoy diciendo, o puede que simplemente hayas colgado. Me hubiera gustado que estuvieras en el coche acelerando lo más posible por llegar a tiempo. Llegar a tiempo es algo que jamás hemos hecho tu y yo. Ni llegamos a tiempo en nuestras vidas, ni hablamos a tiempo, ni te dije que me he enamorado de ti a tiempo. Y la única palabra que quedara aquí cuando me haya subido a ese tren será: tarde.
Tuve que respirar profundamente, notaba que me quedaba sin aire y que ya no conseguía ver nada a causa de las lágrimas:
- Tengo que decirte que jamás he llorado por ti, mi orgullo me lo impedía y eso esta bien. Pero también me habría gustado llorar y que me consolaras, que vieras de verdad lo que hay dentro de mi, eso que nadie conoce y que yo muero por demostrar. Sé que soy complicada, que me enredo con las palabras y que muchas veces estanco la conversación con una metedura de pata mía. Lo más normal es que cuando eso ocurre prefiero no hablar más y me marcho de donde este. Es más fácil así. Y hoy tampoco es muy diferente, aquí me tienes al teléfono, lejos de ti y con el dedo encima del botón rojo para colgar cuando haga falta. Nunca pensé en nosotros como una pareja, ni como si fuéramos amigos. Era un nosotros.
Aparte el teléfono unos segundos y apreté fuertemente los puños:
- Ahora has cogido la chaqueta y las llaves y caminas hacia la puerta. ¿Por que todo sale como uno NO quiere? ¿Por que no lo hablamos antes? Tu te quedas sin haber sabido que te ame y yo me quedo con la duda de saber si tu me habrías correspondido. Irónico. Se nos ha vuelto en contra, ¿verdad? la ironía. Se nos ha tirado encima por cobardes.
Levanté la cabeza y vi como llegaba mi tren:
- Tengo que irme.
...
...
- Adiós.
Colgué.
22 de març del 2010
Sonrisas.
Estaba medio dormida aún cuando sonó el teléfono.
- ¿Si? - respondí a tientas, con una voz que no era la mía, si no la de un oso que acaba de salir de la cueva después de hibernar.
Y era su voz, mi gran amigo, mi alma gemela. Me llamaba como cada mañana, pero yo llevaba unas dos semanas sin contestarle. Estaba asustada, sus palabras eran verdades y estaba claro que no me sentía preparada para escucharlas.
- Tienes que volver a escribir. - dijo el secamente, sin decir ni un triste hola.
- No puedo.
- Si puedes, tienes que levantarte y escribir.
- Pero no tengo inspiración, ni motivación suficiente...
- Entonces busca, examina, investiga, despierta.
Y colgó. En otra ocasión habría tirado el teléfono y habría seguido estirada en la cama hasta que la espalda me doliese tanto que me obligara a levantarme. Pero esta vez fue diferente.
Me levante y cogiendo algo de ropa me dirigí al cuarto de baño.
Encendí la ducha esperando el agua caliente mientras iba a la cocina y encendía la radio.
El piso tenia una imagen decrépita, era espeluznante. Parecía como si un fantasma viviera allí, yo.
Me duche rápidamente, jamás he tardado mas de quince minutos. Cogí las llaves y salí.
Fuera hacia sol, aunque se notaba que el verano aun estaba por llegar. Me tapaba como podía con mi abrigo gris, ese que llevaba casi un mes colgado detrás de la puerta de casa.
Volvió a sonar el móvil:
- Estoy fuera.
- Lo sé.
- ¿Como lo has hecho...?
- No eres conformista, no ibas a rendirte tan facilmente.
- Ya no sé quien soy.
- Te estas esforzando.
Y me volvió a colgar. Mire hacia el lado derecho y vi un parque, habían niños que jugaban corriendo unos detrás e otros y sonreí.
Sonreí como en todo este tiempo no había hecho. Había salido, estaba allí fuera dispuesta a pelear con el mundo, indefensa, pero dispuesta a combatir.
Me senté en uno de los bancos del parque, el sol daba calor en mis mejillas seguramente enrojecidas por el nerviosismo y la ansiedad.
Entonces abrí el bolso y saque la libreta y el bolígrafo que me habían regalado meses atrás mis amigos por mi cumpleaños. Temblaba. Parecía el fin de el mundo, un abismo abierto delante de mi en el que podía caer en cualquier instante. Y yo miraba desafiante desde arriba.
Mi mano se puso con la punta del bolígrafo encima del primer folio y yo miraba como la tinta iba formando un pequeño redondel al estar apretando en el mismo punto todo el rato. Volví a apartar la mano. Saque el teléfono móvil de mi bolsillo y le llamé:
- Soy incapaz, no se hacerlo.
- Eso no es cierto, has sabido hacerlo desde que naciste.
- No se por donde empezar.
- Empieza por lo que ves, por lo que tienes a tu alrededor, descubrirte de nuevo.
Quise reprocharle algo más pero el ya había colgado.
Y le volví a hacer caso. Describí todo lo que mis ojos veían, los arboles, las flores, los niños correteando, las camisetas de superheroes, las madres que los miraban y regañaban de vez en cuando "no corras tanto que vas a caer" decían. Irónico. Nos dicen eso durante toda nuestra niñez y cuando crecemos tan solo tenemos que pasar días y días corriendo detrás de aquello que de verdad deseamos. Escribí sobre el charco que había junto al columpio, sobre mis manos, mis zapatos, la vulgaridad de mis rodillas y las comisuras de mis labios.
Me levanté y salí corriendo.
Escribí sobre las calles, los callejones y las carreteras. Las miradas difusas de los que caminaban por las aceras camino a sus casas o a donde quieran llevarle sus pies. Sobre la luz tenue que emanaba el sol sobre los cristales de las tiendas de la calle mayor. La señora de la verdulería, el hombre de la pescaderia, ellos, nosotros, yo.
Llegué a casa a las nueve de la noche, extasiada y allí estaba el.
No dijimos nada, tan solo nos abrazamos, como se abrazan dos personas que se conocen de toda la vida aun habiendose conocido en menor tiempo.
Sonrió y se marcho.
- Mañana será otro día. - dijo como despedida.
___________________________________________________
Gracias Ivan, es increíble lo que unas palabras de alguien a quien quieres, que quieres de verdad, pueden hacer sobre ti.
Te quiero.
- ¿Si? - respondí a tientas, con una voz que no era la mía, si no la de un oso que acaba de salir de la cueva después de hibernar.
Y era su voz, mi gran amigo, mi alma gemela. Me llamaba como cada mañana, pero yo llevaba unas dos semanas sin contestarle. Estaba asustada, sus palabras eran verdades y estaba claro que no me sentía preparada para escucharlas.
- Tienes que volver a escribir. - dijo el secamente, sin decir ni un triste hola.
- No puedo.
- Si puedes, tienes que levantarte y escribir.
- Pero no tengo inspiración, ni motivación suficiente...
- Entonces busca, examina, investiga, despierta.
Y colgó. En otra ocasión habría tirado el teléfono y habría seguido estirada en la cama hasta que la espalda me doliese tanto que me obligara a levantarme. Pero esta vez fue diferente.
Me levante y cogiendo algo de ropa me dirigí al cuarto de baño.
Encendí la ducha esperando el agua caliente mientras iba a la cocina y encendía la radio.
El piso tenia una imagen decrépita, era espeluznante. Parecía como si un fantasma viviera allí, yo.
Me duche rápidamente, jamás he tardado mas de quince minutos. Cogí las llaves y salí.
Fuera hacia sol, aunque se notaba que el verano aun estaba por llegar. Me tapaba como podía con mi abrigo gris, ese que llevaba casi un mes colgado detrás de la puerta de casa.
Volvió a sonar el móvil:
- Estoy fuera.
- Lo sé.
- ¿Como lo has hecho...?
- No eres conformista, no ibas a rendirte tan facilmente.
- Ya no sé quien soy.
- Te estas esforzando.
Y me volvió a colgar. Mire hacia el lado derecho y vi un parque, habían niños que jugaban corriendo unos detrás e otros y sonreí.
Sonreí como en todo este tiempo no había hecho. Había salido, estaba allí fuera dispuesta a pelear con el mundo, indefensa, pero dispuesta a combatir.
Me senté en uno de los bancos del parque, el sol daba calor en mis mejillas seguramente enrojecidas por el nerviosismo y la ansiedad.
Entonces abrí el bolso y saque la libreta y el bolígrafo que me habían regalado meses atrás mis amigos por mi cumpleaños. Temblaba. Parecía el fin de el mundo, un abismo abierto delante de mi en el que podía caer en cualquier instante. Y yo miraba desafiante desde arriba.
Mi mano se puso con la punta del bolígrafo encima del primer folio y yo miraba como la tinta iba formando un pequeño redondel al estar apretando en el mismo punto todo el rato. Volví a apartar la mano. Saque el teléfono móvil de mi bolsillo y le llamé:
- Soy incapaz, no se hacerlo.
- Eso no es cierto, has sabido hacerlo desde que naciste.
- No se por donde empezar.
- Empieza por lo que ves, por lo que tienes a tu alrededor, descubrirte de nuevo.
Quise reprocharle algo más pero el ya había colgado.
Y le volví a hacer caso. Describí todo lo que mis ojos veían, los arboles, las flores, los niños correteando, las camisetas de superheroes, las madres que los miraban y regañaban de vez en cuando "no corras tanto que vas a caer" decían. Irónico. Nos dicen eso durante toda nuestra niñez y cuando crecemos tan solo tenemos que pasar días y días corriendo detrás de aquello que de verdad deseamos. Escribí sobre el charco que había junto al columpio, sobre mis manos, mis zapatos, la vulgaridad de mis rodillas y las comisuras de mis labios.
Me levanté y salí corriendo.
Escribí sobre las calles, los callejones y las carreteras. Las miradas difusas de los que caminaban por las aceras camino a sus casas o a donde quieran llevarle sus pies. Sobre la luz tenue que emanaba el sol sobre los cristales de las tiendas de la calle mayor. La señora de la verdulería, el hombre de la pescaderia, ellos, nosotros, yo.
Llegué a casa a las nueve de la noche, extasiada y allí estaba el.
No dijimos nada, tan solo nos abrazamos, como se abrazan dos personas que se conocen de toda la vida aun habiendose conocido en menor tiempo.
Sonrió y se marcho.
- Mañana será otro día. - dijo como despedida.
___________________________________________________
Gracias Ivan, es increíble lo que unas palabras de alguien a quien quieres, que quieres de verdad, pueden hacer sobre ti.
Te quiero.
Subscriure's a:
Missatges (Atom)