Ha saltado el buzón de nuevo, pero esta vez ya lo sabia y mientras cogía mi maleta y salia del taxi que me había dejado justo delante de la estación comencé a hablar:
- Me voy, te lo dije mil veces y esta es la verdad, se que ahora te has quedado petrificado con el teléfono en la mano y que posiblemente estés pensando si venir a buscarme o si volveré por mi cuenta más tarde. No voy a volver y lo más seguro es que tus intenciones de venir a buscarme queden en nada, como la mayoría de cosas entre tu y yo.
Me tome un minuto para entrar en la estación y ir caminando en dirección a la taquilla:
- Siempre me ha dado la sensación que escuchabas todo lo que te decía pero no querías entenderlo, las palabras te asustan, la realidad también, así que estuve al margen durante un tiempo, acercándome a ti tanto como podía para susurrarte todo esto, pero no lo he conseguido. Ahora te habrás sentado, atento a todo lo que te estoy diciendo, o puede que simplemente hayas colgado. Me hubiera gustado que estuvieras en el coche acelerando lo más posible por llegar a tiempo. Llegar a tiempo es algo que jamás hemos hecho tu y yo. Ni llegamos a tiempo en nuestras vidas, ni hablamos a tiempo, ni te dije que me he enamorado de ti a tiempo. Y la única palabra que quedara aquí cuando me haya subido a ese tren será: tarde.
Tuve que respirar profundamente, notaba que me quedaba sin aire y que ya no conseguía ver nada a causa de las lágrimas:
- Tengo que decirte que jamás he llorado por ti, mi orgullo me lo impedía y eso esta bien. Pero también me habría gustado llorar y que me consolaras, que vieras de verdad lo que hay dentro de mi, eso que nadie conoce y que yo muero por demostrar. Sé que soy complicada, que me enredo con las palabras y que muchas veces estanco la conversación con una metedura de pata mía. Lo más normal es que cuando eso ocurre prefiero no hablar más y me marcho de donde este. Es más fácil así. Y hoy tampoco es muy diferente, aquí me tienes al teléfono, lejos de ti y con el dedo encima del botón rojo para colgar cuando haga falta. Nunca pensé en nosotros como una pareja, ni como si fuéramos amigos. Era un nosotros.
Aparte el teléfono unos segundos y apreté fuertemente los puños:
- Ahora has cogido la chaqueta y las llaves y caminas hacia la puerta. ¿Por que todo sale como uno NO quiere? ¿Por que no lo hablamos antes? Tu te quedas sin haber sabido que te ame y yo me quedo con la duda de saber si tu me habrías correspondido. Irónico. Se nos ha vuelto en contra, ¿verdad? la ironía. Se nos ha tirado encima por cobardes.
Levanté la cabeza y vi como llegaba mi tren:
- Tengo que irme.
...
...
- Adiós.
Colgué.
7 d’abril del 2010
22 de març del 2010
Sonrisas.
Estaba medio dormida aún cuando sonó el teléfono.
- ¿Si? - respondí a tientas, con una voz que no era la mía, si no la de un oso que acaba de salir de la cueva después de hibernar.
Y era su voz, mi gran amigo, mi alma gemela. Me llamaba como cada mañana, pero yo llevaba unas dos semanas sin contestarle. Estaba asustada, sus palabras eran verdades y estaba claro que no me sentía preparada para escucharlas.
- Tienes que volver a escribir. - dijo el secamente, sin decir ni un triste hola.
- No puedo.
- Si puedes, tienes que levantarte y escribir.
- Pero no tengo inspiración, ni motivación suficiente...
- Entonces busca, examina, investiga, despierta.
Y colgó. En otra ocasión habría tirado el teléfono y habría seguido estirada en la cama hasta que la espalda me doliese tanto que me obligara a levantarme. Pero esta vez fue diferente.
Me levante y cogiendo algo de ropa me dirigí al cuarto de baño.
Encendí la ducha esperando el agua caliente mientras iba a la cocina y encendía la radio.
El piso tenia una imagen decrépita, era espeluznante. Parecía como si un fantasma viviera allí, yo.
Me duche rápidamente, jamás he tardado mas de quince minutos. Cogí las llaves y salí.
Fuera hacia sol, aunque se notaba que el verano aun estaba por llegar. Me tapaba como podía con mi abrigo gris, ese que llevaba casi un mes colgado detrás de la puerta de casa.
Volvió a sonar el móvil:
- Estoy fuera.
- Lo sé.
- ¿Como lo has hecho...?
- No eres conformista, no ibas a rendirte tan facilmente.
- Ya no sé quien soy.
- Te estas esforzando.
Y me volvió a colgar. Mire hacia el lado derecho y vi un parque, habían niños que jugaban corriendo unos detrás e otros y sonreí.
Sonreí como en todo este tiempo no había hecho. Había salido, estaba allí fuera dispuesta a pelear con el mundo, indefensa, pero dispuesta a combatir.
Me senté en uno de los bancos del parque, el sol daba calor en mis mejillas seguramente enrojecidas por el nerviosismo y la ansiedad.
Entonces abrí el bolso y saque la libreta y el bolígrafo que me habían regalado meses atrás mis amigos por mi cumpleaños. Temblaba. Parecía el fin de el mundo, un abismo abierto delante de mi en el que podía caer en cualquier instante. Y yo miraba desafiante desde arriba.
Mi mano se puso con la punta del bolígrafo encima del primer folio y yo miraba como la tinta iba formando un pequeño redondel al estar apretando en el mismo punto todo el rato. Volví a apartar la mano. Saque el teléfono móvil de mi bolsillo y le llamé:
- Soy incapaz, no se hacerlo.
- Eso no es cierto, has sabido hacerlo desde que naciste.
- No se por donde empezar.
- Empieza por lo que ves, por lo que tienes a tu alrededor, descubrirte de nuevo.
Quise reprocharle algo más pero el ya había colgado.
Y le volví a hacer caso. Describí todo lo que mis ojos veían, los arboles, las flores, los niños correteando, las camisetas de superheroes, las madres que los miraban y regañaban de vez en cuando "no corras tanto que vas a caer" decían. Irónico. Nos dicen eso durante toda nuestra niñez y cuando crecemos tan solo tenemos que pasar días y días corriendo detrás de aquello que de verdad deseamos. Escribí sobre el charco que había junto al columpio, sobre mis manos, mis zapatos, la vulgaridad de mis rodillas y las comisuras de mis labios.
Me levanté y salí corriendo.
Escribí sobre las calles, los callejones y las carreteras. Las miradas difusas de los que caminaban por las aceras camino a sus casas o a donde quieran llevarle sus pies. Sobre la luz tenue que emanaba el sol sobre los cristales de las tiendas de la calle mayor. La señora de la verdulería, el hombre de la pescaderia, ellos, nosotros, yo.
Llegué a casa a las nueve de la noche, extasiada y allí estaba el.
No dijimos nada, tan solo nos abrazamos, como se abrazan dos personas que se conocen de toda la vida aun habiendose conocido en menor tiempo.
Sonrió y se marcho.
- Mañana será otro día. - dijo como despedida.
___________________________________________________
Gracias Ivan, es increíble lo que unas palabras de alguien a quien quieres, que quieres de verdad, pueden hacer sobre ti.
Te quiero.
- ¿Si? - respondí a tientas, con una voz que no era la mía, si no la de un oso que acaba de salir de la cueva después de hibernar.
Y era su voz, mi gran amigo, mi alma gemela. Me llamaba como cada mañana, pero yo llevaba unas dos semanas sin contestarle. Estaba asustada, sus palabras eran verdades y estaba claro que no me sentía preparada para escucharlas.
- Tienes que volver a escribir. - dijo el secamente, sin decir ni un triste hola.
- No puedo.
- Si puedes, tienes que levantarte y escribir.
- Pero no tengo inspiración, ni motivación suficiente...
- Entonces busca, examina, investiga, despierta.
Y colgó. En otra ocasión habría tirado el teléfono y habría seguido estirada en la cama hasta que la espalda me doliese tanto que me obligara a levantarme. Pero esta vez fue diferente.
Me levante y cogiendo algo de ropa me dirigí al cuarto de baño.
Encendí la ducha esperando el agua caliente mientras iba a la cocina y encendía la radio.
El piso tenia una imagen decrépita, era espeluznante. Parecía como si un fantasma viviera allí, yo.
Me duche rápidamente, jamás he tardado mas de quince minutos. Cogí las llaves y salí.
Fuera hacia sol, aunque se notaba que el verano aun estaba por llegar. Me tapaba como podía con mi abrigo gris, ese que llevaba casi un mes colgado detrás de la puerta de casa.
Volvió a sonar el móvil:
- Estoy fuera.
- Lo sé.
- ¿Como lo has hecho...?
- No eres conformista, no ibas a rendirte tan facilmente.
- Ya no sé quien soy.
- Te estas esforzando.
Y me volvió a colgar. Mire hacia el lado derecho y vi un parque, habían niños que jugaban corriendo unos detrás e otros y sonreí.
Sonreí como en todo este tiempo no había hecho. Había salido, estaba allí fuera dispuesta a pelear con el mundo, indefensa, pero dispuesta a combatir.
Me senté en uno de los bancos del parque, el sol daba calor en mis mejillas seguramente enrojecidas por el nerviosismo y la ansiedad.
Entonces abrí el bolso y saque la libreta y el bolígrafo que me habían regalado meses atrás mis amigos por mi cumpleaños. Temblaba. Parecía el fin de el mundo, un abismo abierto delante de mi en el que podía caer en cualquier instante. Y yo miraba desafiante desde arriba.
Mi mano se puso con la punta del bolígrafo encima del primer folio y yo miraba como la tinta iba formando un pequeño redondel al estar apretando en el mismo punto todo el rato. Volví a apartar la mano. Saque el teléfono móvil de mi bolsillo y le llamé:
- Soy incapaz, no se hacerlo.
- Eso no es cierto, has sabido hacerlo desde que naciste.
- No se por donde empezar.
- Empieza por lo que ves, por lo que tienes a tu alrededor, descubrirte de nuevo.
Quise reprocharle algo más pero el ya había colgado.
Y le volví a hacer caso. Describí todo lo que mis ojos veían, los arboles, las flores, los niños correteando, las camisetas de superheroes, las madres que los miraban y regañaban de vez en cuando "no corras tanto que vas a caer" decían. Irónico. Nos dicen eso durante toda nuestra niñez y cuando crecemos tan solo tenemos que pasar días y días corriendo detrás de aquello que de verdad deseamos. Escribí sobre el charco que había junto al columpio, sobre mis manos, mis zapatos, la vulgaridad de mis rodillas y las comisuras de mis labios.
Me levanté y salí corriendo.
Escribí sobre las calles, los callejones y las carreteras. Las miradas difusas de los que caminaban por las aceras camino a sus casas o a donde quieran llevarle sus pies. Sobre la luz tenue que emanaba el sol sobre los cristales de las tiendas de la calle mayor. La señora de la verdulería, el hombre de la pescaderia, ellos, nosotros, yo.
Llegué a casa a las nueve de la noche, extasiada y allí estaba el.
No dijimos nada, tan solo nos abrazamos, como se abrazan dos personas que se conocen de toda la vida aun habiendose conocido en menor tiempo.
Sonrió y se marcho.
- Mañana será otro día. - dijo como despedida.
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Gracias Ivan, es increíble lo que unas palabras de alguien a quien quieres, que quieres de verdad, pueden hacer sobre ti.
Te quiero.
25 de gener del 2010
Niños en el parque de la vida.
Puse una canción al azar y empezó a sonar... como no, algo que me recordaba a nosotros. Pero por primera vez en esta historia, no me entristecí. Cogí el café que me esperaba en la cocina y me senté en el sofá que da a la ventana de mi pequeño salón. Tu estas ahí, fuera en alguna parte de este mundo y no me hace falta salir corriendo a buscarte porque se que te tengo junto a mi. Me encantaría poder acariciarte y eso ya no es ningún secreto, lo saben todos los que me conocen, tan solo con mirar mis ojos pueden ver parte de ti. Busco compararnos con algo, un cuento, una película o incluso una canción como la que esta sonando, pero no encuentro nada en esta vida que pueda ser sinónimo nuestro. Y pensando todo esto, sigo mirando por la ventana y a lo lejos se ve el parque de mi calle, un sitio pequeñito donde todos los niños van a jugar, me encantaría ser uno mas de ellos.
Y sin darme cuenta he salido corriendo hacia allí y me encuentro con un grupo de 6 niños jugando conmigo, correteando por los columpios y caminos de ese lugar. Al principio las madres me han mirado raro, pero después al ver que no muerdo ni araño me han dejado jugar con sus hijos. Los niños no me han pedido ninguna explicacion, tan solo juegan conmigo y reímos juntos, uno de ellos incluso me ha regalado un muñeco suyo.
- ¿Cuando seamos grandes vamos a jugar en el parque como tu? - me ha preguntado una niña que debe tener unos 4 o 5 años y yo me la he quedado mirando perpleja.
- ¿Tu quieres jugar en este parque cuando seas mayor? - le he respondido y ella ha asentido al instante con la cabeza - ¿de verdad? - ella ha vuelto a asentir - entonces, estoy segura que cuando seas grande como yo, vendrás a este parque y jugaras, porque cuando uno quiere algo de verdad... puede llegar a cumplirse.
No se si me ha entendido, creo que.. realmente no, pero ella me ha sonreído y me ha dado un abrazo y se ha ido con su mama que la estaba llamando. He vuelto a casa, la música sigue encendida y esta sonando nuestra canción.
Te quiero y te quiero de verdad, por eso se, que un día...
volveré a encontrarte.
_______________________________________________________________
Muchos van a felicitarte por lo que haces, por donde construyas tu vida, por tus palabras, por tus sentimientos. Te felicitaran incluso por aquellas cosas que para ti son normales, la vida.
Pero para todas esas personas, solo mirales, sonríe y tiendeles una mano. El paso que tu les hagas dar, un día ellos te lo harán dar a ti, para que les felicites, te miren, sonrían y te tiendan la mano.
Y sin darme cuenta he salido corriendo hacia allí y me encuentro con un grupo de 6 niños jugando conmigo, correteando por los columpios y caminos de ese lugar. Al principio las madres me han mirado raro, pero después al ver que no muerdo ni araño me han dejado jugar con sus hijos. Los niños no me han pedido ninguna explicacion, tan solo juegan conmigo y reímos juntos, uno de ellos incluso me ha regalado un muñeco suyo.
- ¿Cuando seamos grandes vamos a jugar en el parque como tu? - me ha preguntado una niña que debe tener unos 4 o 5 años y yo me la he quedado mirando perpleja.
- ¿Tu quieres jugar en este parque cuando seas mayor? - le he respondido y ella ha asentido al instante con la cabeza - ¿de verdad? - ella ha vuelto a asentir - entonces, estoy segura que cuando seas grande como yo, vendrás a este parque y jugaras, porque cuando uno quiere algo de verdad... puede llegar a cumplirse.
No se si me ha entendido, creo que.. realmente no, pero ella me ha sonreído y me ha dado un abrazo y se ha ido con su mama que la estaba llamando. He vuelto a casa, la música sigue encendida y esta sonando nuestra canción.
Te quiero y te quiero de verdad, por eso se, que un día...
volveré a encontrarte.
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Muchos van a felicitarte por lo que haces, por donde construyas tu vida, por tus palabras, por tus sentimientos. Te felicitaran incluso por aquellas cosas que para ti son normales, la vida.
Pero para todas esas personas, solo mirales, sonríe y tiendeles una mano. El paso que tu les hagas dar, un día ellos te lo harán dar a ti, para que les felicites, te miren, sonrían y te tiendan la mano.
10 de gener del 2010
En aquel laberinto donde NO te perdí.
No todos son los que deciden meterse en un laberinto. Muchos por miedo a no encontrar, otros por temor a ver el resultado final. Yo no tenia ninguno de los miedos que acabo de decir. Asi pues, entre con paso firme. Las paredes eran de ladrillos rojizos, daban al laberinto un aspecto lugubre, pero no me importo. Tarareaba una canción tras otra por distraer mi mente, por no pensar en ti.
Recuerdo que justo antes de entrar, el hombre que esta en la puerta me ha preguntado que venia a buscar y al responder tu nombre me ha sonreido. Se que su sonrisa era alentadora, de las que se dan cuando te adentras en una batalla perdida. Pero le he cogido la mano y mirandole a los ojos le he dicho que no iba a dejarme vencer. Se le ha paralizado el rostro.
Ahora, aqui dentro, todo lo que a muchos les parece callejones iguales, los veo tan diferentes en mis ojos, tan evidentes que me esta resultando muy sencillo.
Asi he llegado a la conclusion.
¿Que hare cuando te encuentre? Porque lo haré, debes saberlo.
Si todo lo que tengo en mi mañana se convierte en pedazos, te regalo uno, si, a ti que me estas leyendo, te regalo uno y no el menos importante. Te regalo parte de mi amor, no lo quiero conmigo si todo lo demas deja de existir. Asi que.. unete a mi, unete a vivir.
Vive.
Es el mejor regalo que alguien te pueda ofrecer.
Recuerdo que justo antes de entrar, el hombre que esta en la puerta me ha preguntado que venia a buscar y al responder tu nombre me ha sonreido. Se que su sonrisa era alentadora, de las que se dan cuando te adentras en una batalla perdida. Pero le he cogido la mano y mirandole a los ojos le he dicho que no iba a dejarme vencer. Se le ha paralizado el rostro.
Ahora, aqui dentro, todo lo que a muchos les parece callejones iguales, los veo tan diferentes en mis ojos, tan evidentes que me esta resultando muy sencillo.
Asi he llegado a la conclusion.
¿Que hare cuando te encuentre? Porque lo haré, debes saberlo.
Si todo lo que tengo en mi mañana se convierte en pedazos, te regalo uno, si, a ti que me estas leyendo, te regalo uno y no el menos importante. Te regalo parte de mi amor, no lo quiero conmigo si todo lo demas deja de existir. Asi que.. unete a mi, unete a vivir.
Vive.
Es el mejor regalo que alguien te pueda ofrecer.
6 de gener del 2010
Te echo de menos.
He intentado no acordarme de ti con cada cancion que escucho. Me he prohibido leer cualquier libro que hable de amor y evitar mirar peliculas ñoñas en las que todos lloran en algun momento al no ser correspondidos o no ser amados como desean. Y a ratos me parece tan ridiculo. Puedo dar 13 pasos y alcanzarte. Y miro mis pies y no se mueven ni un solo centimetro.
Girate, maldita sea girate y mirame.
Girate, maldita sea girate y mirame.
28 de desembre del 2009
El tiempo y nosotros.

La gente dice: el tiempo lo pone todo en su lugar.
Y yo he pensado, que si yo fuera el tiempo estaria enfadado de tener que ordenarlo todo siempre. Si yo fuera el tiempo me gustaria que alguien por una sola vez dijera:
- Voy a poner las cosas en su sitio.
Que no esperasen sin mas a que otro lo arreglase. Eso estaria genial, pero la verdad es que nunca ocurre. Lo cierto es que el tiempo sabe hacer su trabajo muy bien.
Una vez perdí un libro.
Lo adoraba y me lo llevaba a todos lados y eso tuvo sus consecuencias. Un día se me olvidó en el parque donde solía leer. Cuando fui corriendo, el libro ya no estaba. Me cabree tanto que le di una patada al banco donde lo había olvidado. Como si eso mejorase las cosas.
Pensé el tiempo pondrá las cosas en su lugar y desee que la persona que me lo había robado perdiera algo ella también. Tiempo después, me regalaron ese libro para mi cumpleaños.
El tiempo lo habia puesto en su lugar. Conmigo.
Pero imaginemos la historia diferente. Imaginemos que la persona que hubiera encontrado mi libro se hubiese pasado toda aquella tarde buscando al dueño. Preocupandose por la persona que lo ha perdido. Y que al encontrarme con una sonrisa me dijera:
- He encontrado esto y he querido llevarlo a su sitio. Ponerlo en su lugar.
Eso no ocurrió como ya os dije antes. Pero habría sido fantastico.
En fin, perdonadme, he encontrado un libro y voy a salir a buscar a su dueño para decirle con una sonrisa en los labios: queria ponerlo en su lugar.
27 de desembre del 2009
Bueno o malo.
Desde que somos pequeños nos dicen lo que esta bien y esta mal. Yo miraba a mis amigos y sabia que no habían entendido nada. Sin querer presumir de ello creo que nací sabiendo que estaba bien y que no. Sabia que hacer llorar a alguien estaba mal y que sacarle una sonrisa a alguien con un beso era bueno. Sin embargo, ahora los besos solo traen malentendidos, dañan a la gente.
Cuando tenia 9 años, me sentaba en la calle, y miraba la carretera, no pensaba en nada realmente, solo dejaba que el tiempo pasase y recuerdo que era una sensación increíble.
Fuera de todo.
Tan dentro del mundo.
Me gustaba subirme en el tejado de la casa a pesar que mis abuelos no querían y miraba desde allí el paisaje. Parecía tan lejos. Casi tanto de lo que estas tu de mi.
Me acomplejaba ser inferior a los demás y por eso me esforzaba siempre. SIEMPRE. En todo lo que hacía daba lo mejor de mi casi hasta dejarme la piel. Pero un día alguien me dijo esa frase que se le dice a todo el mundo y que nadie cree: "quien te quiera, lo hará siendo tal y como eres".
Pero yo lo creí.
Tenia 13 años la primera vez que me enamoré. Lloraba casi siempre y eso no era bueno, eso dice la gente ¿verdad?. Entonces uno de esos días, mi abuela entro en mi habitación y dijo otra de esas frases: "si tiene que estar contigo, lo estará pase lo que pase".
Y volví a creerle.
Y esa vez funciono, porque cuando te recuerdo esas palabras se estrellan dentro de mi y me alivian el dolor. Parece inútil pero no lo es. Al menos yo no lo creo así. Por eso lo grité el otro día en medio de la calle. La gente empezó a mirarme y una chica dijo:
- Eso no es cierto.
La miré y contesté:
- ¿Le quieres?
- Me gusta.
- He preguntado si le quieres. ¿Le quieres?
- ¿Que diferencia hay?
- Algo que te gusta, lo podrás tener siempre que quieras, porque es sencillo, es alcanzable, pasajero y con el tiempo aunque no lo consigas no te importará. Cuando quieres a esa persona, todo cambia, todo toma otra importancia. El camino se vuelve más estrecho y empinado.
- Es una tontería enamorarse para sufrir.
- No, ¿sabes por que? Uno no debe romperse por dentro por amar a alguien.
No esperé a que respondiera, me marche con una sonrisa en los labios.
Y eso debe ser bueno, porque sonreír esta bien.
Entonces mi respuesta es que sonrío al saber que te quiero.
Sonrío al saber que te quiero.
Cuando tenia 9 años, me sentaba en la calle, y miraba la carretera, no pensaba en nada realmente, solo dejaba que el tiempo pasase y recuerdo que era una sensación increíble.
Fuera de todo.
Tan dentro del mundo.
Me gustaba subirme en el tejado de la casa a pesar que mis abuelos no querían y miraba desde allí el paisaje. Parecía tan lejos. Casi tanto de lo que estas tu de mi.
Me acomplejaba ser inferior a los demás y por eso me esforzaba siempre. SIEMPRE. En todo lo que hacía daba lo mejor de mi casi hasta dejarme la piel. Pero un día alguien me dijo esa frase que se le dice a todo el mundo y que nadie cree: "quien te quiera, lo hará siendo tal y como eres".
Pero yo lo creí.
Tenia 13 años la primera vez que me enamoré. Lloraba casi siempre y eso no era bueno, eso dice la gente ¿verdad?. Entonces uno de esos días, mi abuela entro en mi habitación y dijo otra de esas frases: "si tiene que estar contigo, lo estará pase lo que pase".
Y volví a creerle.
Y esa vez funciono, porque cuando te recuerdo esas palabras se estrellan dentro de mi y me alivian el dolor. Parece inútil pero no lo es. Al menos yo no lo creo así. Por eso lo grité el otro día en medio de la calle. La gente empezó a mirarme y una chica dijo:
- Eso no es cierto.
La miré y contesté:
- ¿Le quieres?
- Me gusta.
- He preguntado si le quieres. ¿Le quieres?
- ¿Que diferencia hay?
- Algo que te gusta, lo podrás tener siempre que quieras, porque es sencillo, es alcanzable, pasajero y con el tiempo aunque no lo consigas no te importará. Cuando quieres a esa persona, todo cambia, todo toma otra importancia. El camino se vuelve más estrecho y empinado.
- Es una tontería enamorarse para sufrir.
- No, ¿sabes por que? Uno no debe romperse por dentro por amar a alguien.
No esperé a que respondiera, me marche con una sonrisa en los labios.
Y eso debe ser bueno, porque sonreír esta bien.
Entonces mi respuesta es que sonrío al saber que te quiero.
Sonrío al saber que te quiero.
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